Las elecciones intermedias de 2026: la mejor democracia que el dinero puede comprar

La cantidad de dinero que los súper ricos invierten en las elecciones sigue creciendo. Estas elecciones intermedias no son la excepción: se prevé que los multimillonarios gasten 11.6 mil millones de dólares para el día de las elecciones, la cifra más alta en la historia de EE. UU.

Elon Musk ya ha gastado 366 millones de dólares de su propio bolsillo, no solo en anuncios, sino también en pagar a personas que van de puerta en puerta tratando de convencer a los votantes de que elijan a republicanos de extrema derecha en todo el país que están alineados con Trump. Los 50 principales donantes individuales han invertido más de 2.3 mil millones de dólares en las elecciones de mitad de mandato, con donantes de tendencia republicana aportando alrededor de 1.54 mil millones y los de tendencia demócrata, unos 590 millones.

En total, los demócratas y los republicanos están gastando casi las mismas cantidades en estas elecciones. De los diez candidatos al Congreso que más dinero han gastado, nueve son demócratas. Los multimillonarios también han invertido mucho dinero en diferentes iniciativas estatales, tratando de bloquear aquellas que aumentarían sus impuestos para financiar servicios sociales y de aprobar las que benefician sus intereses.

Para los ricos, la democracia solo significa la libertad de gastar su riqueza para conseguir los resultados que quieren, ya sea en candidatos o en iniciativas. Pueden apoyar a los republicanos o a los demócratas en diferentes elecciones, pero de cualquier manera, saben que ambos partidos defenderán sus intereses.

Al mismo tiempo, mientras los multimillonarios tratan de que las cosas salgan a su manera, la administración de Trump ha estado maniobrando para inclinar las elecciones a su favor. En los últimos dos años, ha presionado para darle más poder al gobierno federal para interferir en las elecciones, pasando por encima de la autoridad de cada estado. Ha tratado de reescribir las reglas de votación mediante órdenes ejecutivas, ha exigido los datos de los votantes a los estados y ha presionado a los funcionarios estatales para que eliminen a votantes, amenazando a los estados que se nieguen con procesarlos o quitarles fondos. Ha desmantelado las agencias que supervisan las elecciones, ha realizado redadas en oficinas electorales, se ha negado a descartar el despliegue de agentes federales el día de las elecciones y ha sentado las bases para impugnar los resultados. Los tribunales han bloqueado algunas de estas medidas, pero la administración sigue presionando para eludirlas.

Y recientemente, la administración ha empezado a usar el terror de ICE como herramienta para intimidar a los votantes. Por ejemplo, ha habido un aumento de la actividad de ICE en el centro de California, con más de 100 trabajadores migrantes detenidos en Fresno y Bakersfield. Esta zona incluye una de las contiendas por el Congreso más reñidas del país, y se encuentra en un distrito pobre, de mayoría latina, con muchos trabajadores agrícolas, y donde más de dos tercios de los residentes reciben Medicaid —la proporción más alta de cualquier distrito del país—. Hay informes de que el ICE está yendo a las casas de la gente, haciendo controles de tráfico al azar y yendo a los lugares de trabajo.

No es casualidad que el gobierno esté enviando a ICE a las comunidades de inmigrantes antes de las elecciones. El gobierno de Trump es muy impopular por sus políticas, como apoyar el genocidio de los palestinos por parte de Israel, aterrorizar a las comunidades de inmigrantes, declarar la guerra a Irán, hacer subir el costo de vida, recortar $1 trillón de Medicaid en la próxima década, favorecer a los multimillonarios y disparar el gasto militar. Ha habido informes similares sobre un aumento de la actividad de ICE en otros estados con contiendas reñidas, como Texas y Arizona, y muchos otros estados anticipan una actividad similar de ICE de cara a las elecciones. El Departamento de Seguridad Nacional ha lanzado una oleada de investigaciones infundadas sobre fraude electoral en nueve estados, al tiempo que presiona a los estados para que eliminen votantes de las listas.

Lo que todo esto significa no podría estar más claro. La administración de Trump está haciendo todo lo posible por intimidar a los votantes y reducir la participación para influir en las elecciones, y se está preparando para posiblemente impugnar los resultados electorales después si no ganan. Y quienes están detrás de Trump pretenden implementar aún más recortes a nuestros servicios sociales y transferir aún más dinero a los multimillonarios y al ejército. Saben que la población se opone a estas políticas y están tratando de interferir en las elecciones e intimidarnos para que nos quedemos callados.

Los demócratas, sin duda, tratan de posicionarse como oposición a Trump. Y es fácil entender por qué algunas personas podrían ver un voto por los demócratas como una forma de votar en contra de lo peor de la agenda de Trump. Pero no vamos a cambiar nuestra situación solo con unas elecciones. Enfrentarnos a sus ataques requiere más que solo votar.

Sin importar cómo salgan estas elecciones intermedias, se necesitará una lucha social mucho más amplia para defender nuestros intereses. La democracia es mucho más que la cabina de votación. La clase trabajadora es la mayoría de la sociedad y es nuestro trabajo el que hace que este sistema funcione. La democracia de los trabajadores incluye votar, pero también significa organizarnos en nuestros lugares de trabajo, escuelas y vecindarios para defendernos unos a otros de todos sus ataques. Ese es el tipo de democracia que necesitamos defender.

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