La diplomacia de la ONU es una solución falsa para la guerra y las crisis

La Asamblea General de las Naciones Unidas (ONU) se reunió en la ciudad de Nueva York durante la última semana completa de septiembre. Como de costumbre, hubo muchas promesas falsas, amenazas y discusiones, pero sin soluciones reales para las crisis que se agravan: la guerra, el colapso climático, la deuda global y la amenaza de la IA.

A pesar de que la ONU reconoció el genocidio y las atrocidades de Israel contra el pueblo palestino, y de que la Corte Penal Internacional emitió una orden de aprehensión por sus crímenes de humanidad, Netanyahu pudo dar un discurso ante la asamblea, desestimando las acusaciones y defendiendo el derecho de Israel a declarar la guerra a Irán y Palestina. Muchos delegados de la ONU se retiraron en señal de protesta, pero eso no cambió el hecho de que a Netanyahu se le permitiera hablar y siga al frente de un gobierno genocida que comete atrocidades contra palestinos y libaneses. Mientras tanto, a los funcionarios del gobierno palestino, que tienen estatus de observadores en la ONU, ni siquiera les concedieron visas los EE. UU. para asistir a la reunión.

Además de Palestina, Trump aprovechó la reunión para amenazar a Cuba e Irán, aunque dijo que sigue abierto a dialogar con los representantes iraníes sobre las negociaciones de paz. Constantemente trata de maximizar los beneficios de EE. UU. en los mercados petroleros, mientras sigue intentando parecer duro. No engaña a nadie.

El tema de la inteligencia artificial (IA) también se convirtió en un punto central de discusión, con la cuestión de las regulaciones globales. Trump, alegando que Estados Unidos le lleva «una gran ventaja» a China en el desarrollo de la IA, se opuso a cualquier tipo de regulación global sobre la IA, mientras que China, entre otros países, se mostró abierta a colaborar en materia de seguridad de la IA.

La ONU no tiene soluciones para el creciente número de crisis que enfrentamos en todo el mundo. Fundada tras la Segunda Guerra Mundial, las Naciones Unidas fueron creadas por los vencedores de la guerra, liderados por el gobierno de EE. UU., con promesas de paz mundial y colaboración. En realidad, los gobiernos poderosos y vencedores se otorgaron a sí mismos el derecho de veto sobre las decisiones más importantes.

Hoy, en medio de la creciente competencia en torno a la IA, el agotamiento de las fuentes de energía mundiales como el carbón y el petróleo, y la crisis climática cada vez más grave, el cuerpo burocrático de los llamados líderes mundiales nunca ha logrado mantener el capitalismo en paz. Lo único que han logrado es desviar nuestras frustraciones sobre la situación mundial hacia salas de reuniones formales y burocráticas.

Vimos dónde probablemente se tomaban las decisiones reales detrás de la llamativa y costosa cena de Estado en la Casa Blanca, donde Trump y el presidente chino Xi Jinping alardearon de su jornada de reuniones diplomáticas juntos. La cena fue notable: además de representantes de los gobiernos de EE. UU. y China, estuvieron presentes más de treinta directores ejecutivos, principalmente de la industria tecnológica. Entre ellos estaban Elon Musk (SpaceX, Tesla), Mark Zuckerberg (Meta), Kelly Ortberg (Boeing), Sam Altman (OpenAI), Sundar Pichai (Google), Jeff Bezos (Amazon) y otros directores ejecutivos de empresas superpoderosas de los sectores de la tecnología, las comunicaciones, la energía, las inversiones, la industria farmacéutica y automotriz.

Las tensiones entre Estados Unidos y China se han ido intensificando a medida que compiten por hacerse con porciones cada vez más grandes de la economía global, y ambos ven en la IA y las tecnologías relacionadas la ventaja que necesitan. Es la frontera donde sus intereses capitalistas pueden expandirse. Así que la cena fue una oportunidad para presumir de sus fortalezas y, de hecho, negociar con los capitalistas que controlan todo este sistema. Pero los capitalistas no pueden resolver los problemas causados por el capitalismo. Su afán de ganancias sigue empujando al mundo hacia la competencia por el primer lugar, con la guerra, el empeoramiento de las condiciones laborales, la catástrofe climática y la escasez de recursos como el precio de hacer negocios.

En medio de todo esto, se hizo aún más evidente lo inútiles que son las reuniones de la ONU para abordar las enormes crisis ambientales, económicas y militares. Si los supuestos líderes se retiran en señal de protesta, ¿quién esperan que cambie la situación? ¿Quién esperamos que lo haga?

Solo la gente trabajadora tiene el poder de cambiar el rumbo del futuro desolador que nos espera. En lugar de esperar que la colaboración de los gobernantes capitalistas «mantenga la paz», podríamos construir una colaboración global real que atienda nuestras necesidades e intereses. Vimos destellos de cómo podría ser esto frente a las atrocidades en Gaza. En 2025, la Flotilla Sumud fue una respuesta internacional, en la que más de 500 civiles de más de 44 países navegaron para entregar ayuda a la gente de Gaza. Cuando Israel intervino, los trabajadores portuarios de Italia lanzaron una huelga para «bloquearlo todo». Estas acciones obligaron a los gobiernos a tomar medidas, y al menos se firmaron y entraron en vigor planes de paz. Aunque se trate de promesas vacías, podemos vislumbrar de dónde viene nuestro verdadero poder y lo que podríamos hacer. Con la organización suficiente, los trabajadores y nuestros aliados podemos tomar las decisiones por nuestra cuenta.

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